Selena Gomez vuelve a estar en el ojo del huracán, pero esta vez no por su música ni por Hollywood. La cantante y actriz enfrenta una demanda federal relacionada con Wondermind, la empresa de salud mental que fundó junto con su madre, Mandy Teefey, y Daniella Pierson. Dos inversionistas aseguran que pusieron cerca de 1.2 millones de dólares en el proyecto después de recibir información que, según ellos, mostraba a la compañía como un negocio sólido y con grandes posibilidades de crecimiento.

La demanda fue presentada en Delaware y señala a Gomez, Teefey, Pierson y Wondermind Global. Los inversionistas sostienen que varias de las iniciativas, alianzas y proyectos que supuestamente formaban parte del futuro de la compañía nunca llegaron a concretarse, por lo que consideran que la realidad del negocio no correspondía con lo que se les había presentado antes de entregar su dinero.

Uno de los puntos que más llama la atención es el supuesto papel que Selena Gomez tendría dentro de la estrategia de crecimiento. De acuerdo con los demandantes, la enorme popularidad de la estrella y su alcance en redes sociales serían parte importante del atractivo de Wondermind, ya que esperaban que su imagen ayudara a impulsar la marca y convertirla en una plataforma rentable de bienestar emocional.

Sin embargo, los inversionistas aseguran que varias de las promesas empresariales se quedaron en el papel. Entre los proyectos cuestionados está una aplicación móvil que, según la demanda, nunca habría sido desarrollada. También mencionan supuestas conversaciones o planes relacionados con figuras como Camila Cabello, Tim Cook, Elton John, Drake y Megan Thee Stallion, aunque la inclusión de estos nombres en la demanda no significa que dichas celebridades hubieran aceptado formalmente participar en Wondermind.

El conflicto se vuelve todavía más delicado por los problemas financieros que la compañía ya había enfrentado. En 2025, Wondermind redujo considerablemente su plantilla y surgieron reportes sobre pagos pendientes a trabajadores y colaboradores. Además, la empresa enfrentó una disputa por el alquiler de sus oficinas en Nueva York, con una reclamación que superaba los 800 mil dólares.

Los demandantes afirman que no conocieron la verdadera dimensión de esas dificultades cuando realizaron su inversión en 2022. Según su versión, fue hasta septiembre de 2025, después de una investigación periodística, cuando comenzaron a conocer detalles sobre los problemas internos y financieros de la compañía.

A partir de entonces, los inversionistas dicen haber intentado recuperar su dinero. La demanda señala que en noviembre solicitaron rescindir su inversión y obtener la devolución de los fondos. Incluso mencionan un intercambio ocurrido en abril de 2026 con Mandy Teefey, quien, según los documentos presentados por los demandantes, habría indicado que creía que el dinero ya había sido devuelto.

Legalmente, el caso incluye acusaciones de fraude de valores, fraude, incumplimiento de contrato y enriquecimiento injusto. Los inversionistas reclaman los casi 1.2 millones de dólares que aseguran haber aportado, además de posibles daños, gastos y honorarios legales, y solicitaron que el caso sea llevado ante un jurado.

Eso sí: por ahora, todo está en el terreno de las acusaciones. Selena Gomez no ha sido declarada culpable de fraude y la presentación de una demanda no significa que las afirmaciones de los inversionistas hayan sido comprobadas. Los demandados tendrán la oportunidad de responder y será el proceso judicial el que determine si existió alguna conducta ilegal y quién tendría responsabilidad.

Wondermind nació con la intención de convertirse en una plataforma dedicada al llamado “fitness mental”, combinando contenido, comunidad y herramientas digitales relacionadas con el bienestar emocional. Ahora, el proyecto que buscaba posicionarse como una prometedora empresa de salud mental enfrenta una batalla legal que podría poner bajo la lupa sus finanzas, su administración y las promesas realizadas a quienes apostaron por ella.

Por ahora, la pregunta que queda sobre la mesa es contundente: ¿los inversionistas apostaron por una empresa que realmente tenía el potencial que se les presentó o fueron convencidos de poner millones en un proyecto que no estaba funcionando como parecía?